"Me quedé con las ganas de que fuéramos la mejor historia de amor."
- Danns Vega
Creí que aguantaría tu ausencia si te escribía, pero la tinta se está arrugado en el papel.
Sucia, vieja, fea.
Y tu no me lees, ni si quiera los ojos.
Porque no estas aquí para verme y ver todos los espacios en blanco que te he guardado.
Tenia demasiados planes para tu regreso, pero ninguno de socorro si no querías volver a verme.
Mi mente juega conmigo y se ríe de mi en esta situación de máxima alerta
que no puedo controlar, más que escuchando como tus ojos se tornaban fuego vivo mirándome
y tus abrazos susurraban bajo mi ropa.
¡Qué clase de castigo es este, que me ha impuesto el mismísimo averno!
¡No, maldita sea! Ni si quiera él quiso pensar en cuanto sufrimiento y vacío dejaría tu ausencia.
¿Entonces quien ha sido el temido engendro al que he osado despertar para imponerme tal cicatriz tormentosa?
Quizá, fui yo querido amor mio, con mis palabras borrachas en ira.
Quizá, fui yo, quien ingenuamente jugó sin saberlo, y acabó perdiendote.
Y bien, sé yo que lo único que me queda es aguantar tu ausencia, que me quema en un día, como tres otoños.
- Danns Vega
Creí que aguantaría tu ausencia si te escribía, pero la tinta se está arrugado en el papel.
Sucia, vieja, fea.
Y tu no me lees, ni si quiera los ojos.
Porque no estas aquí para verme y ver todos los espacios en blanco que te he guardado.
Tenia demasiados planes para tu regreso, pero ninguno de socorro si no querías volver a verme.
Mi mente juega conmigo y se ríe de mi en esta situación de máxima alerta
que no puedo controlar, más que escuchando como tus ojos se tornaban fuego vivo mirándome
y tus abrazos susurraban bajo mi ropa.
¡Qué clase de castigo es este, que me ha impuesto el mismísimo averno!
¡No, maldita sea! Ni si quiera él quiso pensar en cuanto sufrimiento y vacío dejaría tu ausencia.
¿Entonces quien ha sido el temido engendro al que he osado despertar para imponerme tal cicatriz tormentosa?
Quizá, fui yo querido amor mio, con mis palabras borrachas en ira.
Quizá, fui yo, quien ingenuamente jugó sin saberlo, y acabó perdiendote.
Y bien, sé yo que lo único que me queda es aguantar tu ausencia, que me quema en un día, como tres otoños.
