sábado, 23 de enero de 2016

Inefable.

Por favor, alejame de aquí. - dije-
Alejame de esta triste realidad, vaciame el corazón con tus propias manos, arranca los suspiros que sobran, por culpa de la falta.

Y llévame a través de las nubes,
del olor a tierra mojada,
de las brisas veraniegas,
de la melancolía que provoca un recuerdo,
de los días nublados,
de lo inefable.

Regalame un vuelo de ida a la comisura de tus labios,
empujame con un soplo de amor a la cornisa de tu sonrisa,
para que aprenda a volar,
y si caigo, que no sea de miedo
porque tengo el olor de tu piel
en mi pecho.

Despedidas que nunca acaban.


Después de intentar tranquilizarme con su sonrisa cálida,
su expresión se torno triste, miro al suelo y me dijo:

- Sé que no volverás.

Se giró y acercó a la puerta sin levantar la vista.

- Esa es una de las pocas cosas que sé y que nunca fallan.
Tenia razón, no volví.

Pero siempre pensé en ella.
Y en como dejó aquel día mi cama, y mi vida.
Completamente vacías.