sábado, 23 de enero de 2016

Despedidas que nunca acaban.


Después de intentar tranquilizarme con su sonrisa cálida,
su expresión se torno triste, miro al suelo y me dijo:

- Sé que no volverás.

Se giró y acercó a la puerta sin levantar la vista.

- Esa es una de las pocas cosas que sé y que nunca fallan.
Tenia razón, no volví.

Pero siempre pensé en ella.
Y en como dejó aquel día mi cama, y mi vida.
Completamente vacías. 

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