lunes, 16 de abril de 2018

Última parada.

Al final para mí nada tiene sentido
y todos los que se quedaron tienen el gran derecho a irse al menos una vez de tu vida.
Y ese dolor,
pequeño,
e intenso.
Un repiqueteo que altera los latidos de tu corazón y abre sin temor una cascada de sentimientos.
Los miedos son lo único que nos queda para acompañarnos con un triste café, y te consumes como el cigarro de la chica de al lado, mientras ves pasar la vida de los viajeros cada uno sentadito en su plaza de tren.

Cómo asusta pensar que el cambio llamará a nuestra puerta y que seremos nosotros quien nos quedemos sin silla en ese juego infantil.
Que traidora parece la vida, y ella se queja de que solo hace su trabajo, las decisiones no las toma ella,
sino tú.
Incluso lo que aún no está escrito ya tiene su sitio en el papel.

Y solo podemos quedarnos sentados en nuestra plaza del tren, cada uno con sus “por qué” recorriendo sus cuerpos, y esperando la última parada para enfrentarnos al destino con los puños muy apretados.