domingo, 18 de diciembre de 2016

Tengo las páginas rotas.

El comienzo de un diario, como el de una historia, siempre resulta excitante. Escribes todos los días, todos los detalles, 
ocurren cosas, 
las superas, avanzas, 
se gastan las páginas. 


Conforme afrontas las adversidades, te cuesta más coger el lápiz y posarlo sobre el papel. Pero tienes ganas.

Han pasado años desde que comencé a escribir una historia que casi no se sostiene.

Me da miedo tocar el papel por si se hace añicos. ¿Y si no sé seguirla? 
¿Y si no quiero terminarla?

Toda mi historia se quedará a medias, con sus preguntas sin respuesta. 

Eramos personas tan diferentes cuando salió el sol. Y ahora está intentando ocultarse bajo dos cuerpos agrietados, dos cuerpos que han cambiado. 

Pero yo te sigo queriendo, sigo aguantando mi boca, mi pecho, mi mano cerrada para no terminar este diario que no se sostiene. 

Porque no quiero comenzar uno nuevo, no quiero pasar las páginas. Quiero quedarme escribiendo mi historia en este diario verde, a la espera de que tu supliques por darle el final que se merece.

O el que yo no quiero darle.