domingo, 20 de noviembre de 2016

Tiempo de espera y 3 segundos.

Tú eres, como esa ventanita por la que miro mientras llueve,
y las gotas que caen sobre ti, son todas las palabras que nunca me atreví a decirte.

Mi semáforo en rojo cuando quiero cerrar los ojos,
mar bravo, olas furiosas que golpean mis labios.

Eres el aleteo del colibrí, que ha cobrado vida en un pecho marchito.

Café caliente, y amargo que cruza mi garganta
acariciando
se oyen risas de personas extrañas
y yo cierro los ojos recreando sombras que han dejado el olor de la nostalgia.
La nostalgia de recordarte bajo la lluvia de mi ventana.

Historias de una habitación vacia.


Una canción en bucle sonando.
La habitación va cambiando de colores conforme pasan las horas del día.

Un domingo más desnuda en la cama me doy cuenta que el frío
que hay dentro
no es a causa del invierno.

Contigo siempre se estaba mejor.





Break and burn and end.

Tu sitio está entre mis brazos, me dijo hace ocho meses.

Hoy sigo buscando su figura en las calles vacías con miles de caras.
Todas mis esquinas han bebido de los recuerdos que dejaba caer
a las dos de la madrugada,
me da miedo acabar los lápices porque todos te han escrito con amor a ti.

Te he querido tanto que soy incapaz de desenroscar la maldita bombilla rota de mi corazón.
Estalló y apagó todo lo que había dentro de mi,
pero los pedazos clavados siguen humeando como un viejo motor.
Supongo que por eso me siento tan confusa.

Mi sitio si estaba entre sus brazos,
no recuerdo en qué momento apareció el huracán y
destrozó el que hice mi hogar.

Camino en círculos y veo con los ojos que se han roto, se han quemado, se han muerto,
al amor que se ha roto, se ha quemado, se ha terminado
porque era demasiado complicada
porque eras demasiado terco.

Mi sitio siempre serán tus brazos,
aunque esté varada en mitad de este mar sin nombre, con un velero de papel y letras,
que me recuerdan a ti.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Historias de una habitación vacia.

Estoy viajando con una canción lenta de fondo
si no te importa, sacaré una copa mientras doy vueltas por la habitación
con la cabeza rozando el suelo, atenta del ritmo de mis pies.

Es un hecho, tengo la pared llena de relojes pero no se leer la aguja pequeña que me intenta guiar.
¿Aún no ha llegado Octubre?


La canción ha cambiado, suena un triste piano.
Sus cuerdas me recuerdan a mi cuando vibran, pero yo estoy rota.
Parece que esté escribiendo a alguien ciego, o sordo. O sin corazón.

Parece que yo quiera ser esa persona ciega, sorda, sin corazón.

Esta canción se ha metido en mi cabeza,
me golpea contra las paredes,
quiere que me arrodille
me grita - ¡No eres suficiente buena, te lo estoy diciendo!


La vida no siempre es bonita bajo un par de sabanas.

No importa cuantas veces me sentí a salvo en tu pecho, si ahora apenas puedo salir de debajo de una sabana para ver el mundo. Si ahora cualquier palabra intenta cortarme con sólo pensarla.
No importa cuantos días he luchado conmigo mismo para llegar aquí, si se que no ha servido para mantenerme a flote. He perdido.

Miles de recuerdos con gran peso vuelven a salirme de los zapatos, llenos de agua. Ellos también lloran. 


Y se nota cuando estas cansado, pero no de sueño, porque te pesan los ojos,   porque tienes un río dentro.

Has cerrado la puerta de tu habitación que no es tan tuya, pero es donde tu cuerpo habita, 
intenta colocar todas tus raíces,  
se estira
se mueve por la sala, tienes que abrir la ventana, porque no hay espacio. 

Tus raíces salen y las ventanas se bloquean, 
alguien de fuera te ve, y le molestas. 
Empieza a cortar tus raíces, secas y débiles.
Te duele, por eso te encoges, te tragas tus raíces de nuevo.

El agua se queda en tus zapatos, en tus ojos.
No sale.

Cierras la ventana.
Sabes, que una vez más sigues solo, en un cuarto demasiado pequeño para ti.

Pero no importa.