viernes, 29 de septiembre de 2017

Atte. Ese hueco vacío en tu pecho.

Hola Irene

quería hablarte desde hace mucho tiempo, quiero presentarme, soy todos tus miedos, pero principalmente , soy tu peor miedo.
Soy tu miedo a que te deje sola quien se supone que debe quererte, soy los gritos, los portazos, los golpes en la mesa, los "Debes callarte y hacerme caso", los "¡Tú tienes la culpa de todo esto!", soy el dolor, soy la migraña, tus calambres en el estómago, tus ganas de llorar, la asfixia, quien te impide comer, dormir, salir a pasear, dibujar o escribir.
Hoy me has vencido, pero sé que te duelen los huesos, que has tomado algunas pastillas por ese insoportable dolor de cabeza, y sabes que desgraciadamente no hay ningún medicamento artificial que colme tu vacío y la falta de amor (propio y ajeno).
Pero has sabido dar un paso y exponerme, dejarme descubierto y desnudo.

Voy a seguir acompañándote hasta que salgas de aquí, y aún así cuando me tengas lejos, se´re solo un trauma más. Una pesadilla de la que no puedes escapar, porque a diferencia de las demás, no puedes despertar de mí. Soy demasiado real. Has vivido con ello 19 años, y seguirás viviendo con ello hasta que tú o tu cuerpo aguante.

Las amenazas cesarán cuando tú puedas cesarlas, mientras rodeate de  buena gente e intenta evitarme por las esquinas el mayor tiempo posible, porque cuando vuelva, quizá no seas capaz de soportarlo de nuevo.

Atte. Ese hueco vacío en tu pecho.

viernes, 15 de septiembre de 2017

¿Es el idealismo la cara más inútil para luchar con el dolor?

He elegido varias canciones que acompañen estas pobres frases, y una hoja en blanco, sin margenes por los que preocuparme, así puedo salir de ellos libremente y no sentirme atada.

Perdón a mis dolores, mi cara pálida, las horas eternas tumbada en una cama pintada por el amarillo que escogía minuciosamente Vincent. Este color no me da alegría hoy pero me hizo sentir como si estuviese en mitad de un trigal, y todas esas sombras sobre mi cabeza, invisibles al ojo ajeno, todos mis cuervos.

Soy un libro abierto, tirado en mitad de la calle, cuya poesía nadie lee, quizá por ser muy basta, y los versos están ahora emborronados por la lluvia que me ha mojado.

¿Es el idealismo la cara más inútil para luchar con el dolor?
La calidez de vivir entre sueños se esfuma una vez te han golpeado con la fría realidad.

Perdón a los corazones rotos que dejé en mitad de la carretera, ellos aún tienen el valor de curarse, pero sus tiritas no son capaces de envolver algo podrido.

Perdón por todos los "siempre estaré", conozco bien a la parte de mi que lo dijo, pero hace tiempo que se escondió bajo la cama y lleva meses durmiendo. ¿Es este sentimiento el verdadero "darse por vencido"?

Perdón por callar y no saber expresar, nunca nos enseñaron a comunicar algo tan prohibido como el dolor, y nadie aviso de lo que dolía hablar a voces desde dentro y que no se giren porque no son capaces de comprender.