sábado, 14 de enero de 2017

La semana más larga.

Virginia Woolf no era mi escritora favorita, pero me fascinaba como hablaba de la muerte, como esas personas que se enfrentan a ella.
No escribo ya para ser una escritora, no quiero fama ni premios ni reconocimiento por algo que jamás seré.
No quiero convertirme en Virginia, ni en Anna Frank, ni en Alejandra Pizarnik.
No escribo poesía ni tampoco mis memorias, las memorias de la vida de una don nadie.
Sólo comparto irónicamente para que otros no se sientan solos sabiendo que hay quien no es capaz de moverse de la cama, de salir de un cuartucho pequeño y sombrío.

Empecé a fumar como las grandes estrellas en sus películas, creyendo que de algo podría salvarme, pero me da asco tragarme un humo más puro que lo que tengo dentro de mi misma.
Todo está tan roto que es inevitable no cortar a los que te rodean sin tu quererlo, y lo único que pido si no soy capaz de morir, es no tener a nadie cerca mia, más que la fuerza para escribir.
Nadie tendrá que lidiar con mis delirios, con mi toxicidad, con mi falta de empatia para dar una respuesta a quien se lo merece por el dolor causado.

Lo único que pido sin ningún derecho es que me aprieten las tuercas, y me digan a la cara lo mala que soy.

Porque ya no quiero encontrar consuelo en nada más.

domingo, 1 de enero de 2017

Costelaciones.

Voy a dibujar con ceras la línea de tu espalda, pasito a pasito,
sin salirme de la raya,
a trazar constelaciones mientras uno tus lunares,
y es que el aire veraniego me hace quererte y añorarte.

Tumbarme sobre ti y agarrarte de la mano,
no suena tan fuera de lugar cuando tu sonrisa aparece.


domingo, 18 de diciembre de 2016

Tengo las páginas rotas.

El comienzo de un diario, como el de una historia, siempre resulta excitante. Escribes todos los días, todos los detalles, 
ocurren cosas, 
las superas, avanzas, 
se gastan las páginas. 


Conforme afrontas las adversidades, te cuesta más coger el lápiz y posarlo sobre el papel. Pero tienes ganas.

Han pasado años desde que comencé a escribir una historia que casi no se sostiene.

Me da miedo tocar el papel por si se hace añicos. ¿Y si no sé seguirla? 
¿Y si no quiero terminarla?

Toda mi historia se quedará a medias, con sus preguntas sin respuesta. 

Eramos personas tan diferentes cuando salió el sol. Y ahora está intentando ocultarse bajo dos cuerpos agrietados, dos cuerpos que han cambiado. 

Pero yo te sigo queriendo, sigo aguantando mi boca, mi pecho, mi mano cerrada para no terminar este diario que no se sostiene. 

Porque no quiero comenzar uno nuevo, no quiero pasar las páginas. Quiero quedarme escribiendo mi historia en este diario verde, a la espera de que tu supliques por darle el final que se merece.

O el que yo no quiero darle.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Tiempo de espera y 3 segundos.

Tú eres, como esa ventanita por la que miro mientras llueve,
y las gotas que caen sobre ti, son todas las palabras que nunca me atreví a decirte.

Mi semáforo en rojo cuando quiero cerrar los ojos,
mar bravo, olas furiosas que golpean mis labios.

Eres el aleteo del colibrí, que ha cobrado vida en un pecho marchito.

Café caliente, y amargo que cruza mi garganta
acariciando
se oyen risas de personas extrañas
y yo cierro los ojos recreando sombras que han dejado el olor de la nostalgia.
La nostalgia de recordarte bajo la lluvia de mi ventana.

Historias de una habitación vacia.


Una canción en bucle sonando.
La habitación va cambiando de colores conforme pasan las horas del día.

Un domingo más desnuda en la cama me doy cuenta que el frío
que hay dentro
no es a causa del invierno.

Contigo siempre se estaba mejor.





Break and burn and end.

Tu sitio está entre mis brazos, me dijo hace ocho meses.

Hoy sigo buscando su figura en las calles vacías con miles de caras.
Todas mis esquinas han bebido de los recuerdos que dejaba caer
a las dos de la madrugada,
me da miedo acabar los lápices porque todos te han escrito con amor a ti.

Te he querido tanto que soy incapaz de desenroscar la maldita bombilla rota de mi corazón.
Estalló y apagó todo lo que había dentro de mi,
pero los pedazos clavados siguen humeando como un viejo motor.
Supongo que por eso me siento tan confusa.

Mi sitio si estaba entre sus brazos,
no recuerdo en qué momento apareció el huracán y
destrozó el que hice mi hogar.

Camino en círculos y veo con los ojos que se han roto, se han quemado, se han muerto,
al amor que se ha roto, se ha quemado, se ha terminado
porque era demasiado complicada
porque eras demasiado terco.

Mi sitio siempre serán tus brazos,
aunque esté varada en mitad de este mar sin nombre, con un velero de papel y letras,
que me recuerdan a ti.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

Historias de una habitación vacia.

Estoy viajando con una canción lenta de fondo
si no te importa, sacaré una copa mientras doy vueltas por la habitación
con la cabeza rozando el suelo, atenta del ritmo de mis pies.

Es un hecho, tengo la pared llena de relojes pero no se leer la aguja pequeña que me intenta guiar.
¿Aún no ha llegado Octubre?


La canción ha cambiado, suena un triste piano.
Sus cuerdas me recuerdan a mi cuando vibran, pero yo estoy rota.
Parece que esté escribiendo a alguien ciego, o sordo. O sin corazón.

Parece que yo quiera ser esa persona ciega, sorda, sin corazón.

Esta canción se ha metido en mi cabeza,
me golpea contra las paredes,
quiere que me arrodille
me grita - ¡No eres suficiente buena, te lo estoy diciendo!